Programa conducido por Vivian Lavín y Mario Valdovinos, adaptado por Raquel Azócar
-
¿Para qué estamos con cuentos, Andrés? ¿Qué sentido tiene que hayas
elegido este género y no te hayas iniciado con la novela o con la
poesía?
- Yo creo que, por una parte, el cuento es un género muy rico,
que
te permite desarrollar historias en lapsos breves y formar especies de
pequeños CD, con varios temas. Los editores tienden hoy día a mirar en
menos al cuento, que el cuento no es comercial. No sé si eso es tan
así, ellos apuestan a publicar novelas, porque es lo que se vende. Yo
creo que el género del cuento ha estado en la historia de la humanidad
desde los inicios y va a seguir estando; nos gusta que nos cuenten
cuentos, entonces tiene mucho sentido escribir cuentos.
-
Has incursionado también en otros géneros, como el lírico y la
dramaturgia también. ¿Todavía la novela es un paso posterior o ya
empezaste a escribir una novela?.
- Efectivamente, estoy
trabajando en una novela. Pero tampoco es que yo pretenda que este es
el paso previo para una novela. Pudo haber sido la novela antes, se me
dio el cuento primero...
- ¿Pero puede ser como un precalentamiento?, porque se da mucho...
-
Lo que pasa es que la novela te exige un aliento mucho mayor. Te exige
estar preparado para maratones; los cuentos en cambio son carreras de
100 metros planos, tienen que ser rápidos, explosivos y de alguna
manera sí, son una especie de ejercicio preparatorio para la novela,
pero yo no lo veo como ejercicio preparatorio. Para mí el género tiene
su propia dignidad y su independencia, su valor en sí mismo.
-
Pero hay un cuento tuyo –La pasión de Yashin-, que tiene 44 páginas,
casi una nouvelle. El canon señala, así como para un soneto son catorce
versos, para un cuento 10 a 15 páginas. Aquí hay una especie de conato
de novela. ¿Por qué no nos cuentas cuál es la anécdota?
-
Es la historia de un personaje chileno que conoce a una atractiva
gringa en un bar de Santiago y establece una relación con ella, a pesar
que está casada con un gringo mayor. Esta pareja regresa a Estados
Unidos y ella lo invita a irse con ellos. Él quiere ser cineasta,
admira mucho a David Lynch y, pensando siempre en este proyecto y
sabiendo que en Chile ser cineasta es absurdo, el tipo viaja. A partir
de ahí se sucede una serie de peripecias. El tipo llega a Los Angeles,
donde se relaciona con una serie de personajes “notables”, que son como
actores invitados, es como en las series de televisión, y los actores
invitados son, entre otros, Raúl Ruiz y Kenny Baker y a este personaje
le va muy mal, siempre hay malentendidos, es como una especie de
comedia de equivocaciones. Y finalmente termina yéndose, por
recomendación de Raúl Ruiz, a filmar películas en Transilvania, la
tierra de Drácula. Y ahí lo que hace son películas porno y el que
cuenta la historia es un personaje que lo conoce una noche y decide
reconstruir la historia, la pasión de este vagabundo que lo único que
quería era filmar cine arte y termina haciendo cine porno.
-
Tú eres periodista de la Universidad Católica, redactor de cultura del
diario La Tercera y colaborador de la revista Picnic. En el año 1999
obtuviste el Premio Juegos Literarios Gabriela Mistral, en el género
teatro; en el 2001 recibiste el premio único del concurso de cuentos de
Revista Paula. por el relato Cachorros, que abre tu antología Manzana
Envenenada, editada por Planeta, y con ella recibiste el Premio
del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, al mejor conjunto de
cuentos inéditos del año 2003. ¿Tú no te consideras escritor con este
curriculo?
- Yo siempre escribí y el periodismo para mí
también es un ejercicio de escritura. Pero en Chile tendemos a ser
un poquito mezquinos para dar esta suerte de rótulo. A
Fuguet como que nunca han querido darle el rótulo de escritor;
Fuguet es un buen periodista o es un periodista que escribe
ficción. Pero hemos sido mezquinos, por eso te decía, bromeando, “qué
bueno que me estén dando el carnet de escritor”, porque mucha gente
debe estar pensando “este periodista que se metió a escribir
cuentos”.
- Me gustaría ir al plano periodístico, con
todo el pudor que puede significar que un periodista entreviste a
otro periodista, porque nosotros, como colegas, nos conocemos los
códigos, y también nuestros baches. Me gustaría saber qué significa
para ti hacer periodismo cultural desde un diario como La Tercera.
-
Para mí el periodismo forma parte del contar historias y a mí lo que me
interesa es contar historias. Dentro del periodismo lo que hago es
tratar de contar buenas historias, dentro de lo que hay, rescatar
buenos libros, buenos personajes y así lo enfoco. Y por otra
parte siento que a su vez el periodismo me ha servido para desarrollar
mejor lo que trato de hacer en el género ficción.
- Me
gusta el trabajo que haces, porque se nota un afán de ir más allá, de
buscar libros, de aconsejar bien al lector y no tomarlo como un
estúpido. Esa mirada la agradece el lector más informado, pero tú
también eres una persona bastante crítica y ácida. Como periodista me
tocó presenciar, el año pasado, una conferencia de la escritora Isabel
Allende, en que ella te increpa con duras palabras y no te da
posibilidades de defenderte, lo que debe haber sido bastante incómodo
para ti. Nos gustaría que nos contaras un poco de la trastienda de este
incidente. Partamos por tus dichos. ¿Qué la hizo enojarse tanto?
-
Más que mis dichos, fue un episodio de alta emoción, alta adrenalina,
fue incómodo, pero después de todo yo lo disfruté igual, lo encontré
entretenido. Ella dio una entrevista al diario La Nación, de Argentina,
donde, entre otras cosas, decía por ejemplo, que Roberto Bolaños era
una mala persona y que ella había intentado leer un libro de él y se
había aburrido; por otra parte decía que a Borges hoy día lo leían
cuatro gatos. Yo tomé esa entrevista y armé un artículo y, para darle
más emoción al asunto, le pregunté a algunos escritores chilenos qué
pensaban de estos dichos de la Isabel Allende, que perfectamente podían
consultarlo en Internet. Por supuesto nadie estuvo de acuerdo con sus
expresiones y fueron bastante duras las palabras que se dijeron allí.
Ella se espantó y me dijo cómo le había hecho eso, que era mala leche,
y yo traté– porque dijo que yo había tergiversado lo que ella había
dicho- que me explicara entonces qué fue lo que intentó decir, y creo
que en ese caso ella se equivocó, porque no fue capaz de
asumir las cosas que había dicho. A lo mejor dijo esas cosas, sin
pensarlas demasiado, para un diario argentino. Sin pensar que tal vez
podían ser leídas en Chile y luego, cuando se dio cuenta que sí
habían sido leídas, le costó asumirlo y de hecho el que fue más duro
fue Las Ultimas Noticias, que llamó a la periodista que le hizo la
entrevista, para confirmar que efectivamente Isabel Allende había dicho
todo eso. Pero, bueno, son episodios, fue un episodio que para mí es
más divertido que...
- ¿Y te atreves a pedirle una entrevista hoy día?
- Sí, claro.
- ¿Has estado con ella después del incidente?
- No, no he estado con ella. Le pedí una entrevista después de eso y ...
- ¿Y qué te dijo?
- Que no... Bueno, está en su derecho.
-
Detecto en tus cuentos una de las imágenes que le pena a los escritores
chilenos: la imagen del padre. Qué pasa con esta figura en tu
literatura, también aparece, es un fantasma...
- No hay de
mi parte una reflexión conciente al respecto. Tuve un padre que me
trató muy bien, un padre maravilloso y lo que soy se lo debo a él y el
libro está dedicado a él también. Pero tampoco uno puede desconocer que
el tema de la paternidad en Chile es un tema: padres ausentes,
violentos, violencia intrafamiliar, creo que si de alguna manera eso
está retratado viene porque la realidad se metió de por medio, no fue
una reflexión muy conciente al respecto y no tiene que ver con mi
biografía tampoco. Tuve un padre maravilloso, que murió hace un par de
unos años.
- Y si de interpretaciones libres se trata,
¿cómo se podría calificar esta “nerudización” que está existiendo en la
literatura? Me gustaría preguntártelo como escritor y como periodista.
¿Podríamos decir que Neruda es el gran padre de la literatura chilena?
-
Neruda tiene algo de padre. En mi caso, por ejemplo, yo empecé a
escribir muy influenciado por Neruda. Para mí fue clave el año 83
cuando La Tercera empezó a editar en Buen Domingo una serie sobre
Neruda y en esa época Neruda estaba prohibido, se
celebraban diez años de su muerte y sus libros circulaban
clandestinamente. Para mí Farewell fue un poema clave, me encantó, pero
muy pronto y muy saludablemente apareció Nicanor Parra y desordenó las
cosas y me llenó de vida. Siento que lo mío está mucho más ligado
a lo que ha hecho Nicanor Parra, no digo que sea una copia
ni que pretenda ser su discípulo, pero sí siento que la propuesta de
Nicanor Parra es mucho más viva y mucho más insurgente que la de
Neruda.
- Respecto a los autores canónicos del cuento,
hay dos expresiones de Cortázar que me parecen admirables y me
encantaría saber tu opinión. Refiriéndose al cuento dice que “es un
caracol de lenguaje” y también dice que “es un hermano misterioso
de la poesía”. ¿Estás de acuerdo con esas aseveraciones o no?
-
Son dos expresiones notables. Cortázar es un maestro del cuento, aunque
creo, como ocurre también con los grandes autores, que el cuento
cortazariano tendió a imponer una especie de canon, como una especie de
regla general que no creo que sea tan así –el final efectivo-; Cortázar
es un modelo de cuento, pero hay mil modelos de cuentos. Si lees los
cuentos de Carver, que son maravillosos, no está el knock out al final,
todo ocurre por debajo y a mí me interesa el cuento cortazariano, pero
también me interesan otras formas de cuentos y en los cuentos que hay
en mi libro hay algunos que rompen un poco el canon o la idea del
cuento cortazariano.
- Como escritor y como periodista,
¿quiénes quedan, quiénes permanecen dentro de la literatura chilena?¿ A
quiénes destacarías tú hoy?
- Yo creo que hay un par de
grandes autores que ya están consagrados: José Miguel Varas, un
gran cuentista, un gran prosista, con gran sentido del
humor; Germán Marín es otro, es un mastodonte literario que
a mí me interesa mucho. Skármeta también me interesa mucho. Descontando
a esa línea de pesos pesados, los que más me interesan son Lemebel, por
una parte ; creo que Fuguet está armando una obra muy interesante y
luego ya escritores
más bien de mi generación, como Pato Jara, por
ejemplo, que siento que escribió una muy buena novela con El Sangrador;
Cristián Barros, que creo también escribió una muy buena novela con El
tango del viudo. Ese tipo de escritores son los que más me interesan
hoy día. De afuera es la realidad de lengua inglesa la que más me
interesa, la que siento más viva hoy día.
- Y qué pasa con los otros escritores, con los que se ven a toda página y en los primeros ránking de ventas en Chile.
-
Hay autores que indudablemente son buenos. En realidad nadie puede
decir que Isabel Allende sea una mala escritora; es una buena
escritora, tiene fluidez, tiene encanto, tiene gracia, es entretenida,
pero lo que ella está haciendo no me conmueve ni me entusiasma.
Sí en cambio me conmueve lo que hace Marín, Lemebel, y me
desafía, como lector
- Por qué se imponen ciertos nombres que no tiene un correlato con la calidad literaria. Cuál es tu crítica al mundo editorial.
-
Más que una crítica al mundo editorial, creo que hay un tema que es que
los editores necesitan generar ganancias, es su negocio, y para
sustentarlo deben tener autores que les permitan vender y ahí se
entiende toda la publicidad que tienen autores que venden mucho como
Marcela Serrano, Isabel Allende, como Luis Sepúlveda, que me parece
deplorable, pero que vende mucho. Siento también que los narradores
miran también un poquito en menos al público. Si uno escribe, es para
que lo lean, a mí me interesa conectarme con el lector, a mí me
interesa tener lectores, me interesa hacer una obra que sea
entretenida, que sea divertida, que ponga temas, que sea desafiante,
pero que, a su vez, sea diáfana, sea transparente , tenga la capacidad
de conectarse con los lectores. Y siento que, a veces, ciertos autores
desdeñan un poco esa parte.
- De hecho podemos decir
que los cuentos de Manzana envenenada se pueden leer perfectamente en
un viaje en el Metro, lo que no se puede hacer con una novela. En
su decálogo del Perfecto cuentista, Horacio Quiroga dice el siguiente
mandamiento, que me gustaría que comentaras: “El cuento es una novela
depurada de ripios, ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.”
-
Es muy bonito lo que dice Quiroga, que a su vez sus cuentos
encantaron mi infancia, la llenaron de imaginación y lo pasé muy bien
leyéndolo. Es cierto lo que dice Quiroga en un sentido: la novela te
permite guatear, bajar el raiting. El cuento no, tienes que tener el
raiting al peak, si no, no funciona; el cuento tiene que ser un
engranaje de tensión, es una carrera corta, son 100 metros planos, no
puedes bajar la guardia. La novela te permite guatear y en algún
momento retomar con nuevos bríos, el cuento no te lo permite.
-
A mí me gustaría llevarte también al plano de la nueva
institucionalidad cultural. ¿Tienes alguna opinión sobre lo que está
pasando con al cultura en nuestro país? ¿Cómo es tu visión, optimista o
pesimista?
- En términos generales es optimista. Yo veo que
hay mucha gente haciendo cosas, veo gente con muchas ganas, con
mucho talento. No sólo lo aprecio en los jóvenes narradores (Cristián
Barrios, Pato Jara, Marcelo Simonetti, Pablo Illanes, Claudia Aldana).
También hay una interesante generación de actores, cineastas, de
dramaturgos, que están haciendo cosas interesantes. El tema de la
institucionalidad cultural lo veo un poquito más complejo. Ojalá esta
institucionalidad cultural sirva, pues a mí me tenían ya cansados
los cabildos culturales que organizó Di Girólamo , por diez o quince
años, y no sé adónde condujeron. Espero que esta nueva
institucionalidad no se quede solamente en declaraciones y manifiestos.
- Para ti como cuentista, cuál es la lección que asimilaste de Borges.
-
Hay varias lecciones, desde luego la preponderancia de la imaginación;
por otro lado, la capacidad de jugar; se permite jugar con
géneros “bastardos” y llevarlos a un nivel de alta cultura. En Borges
todas las historias de los suburbios tienen una elegancia y una
inteligencia maravillosa. El sentido del juego y la inteligencia son
claves en la obra de Borges.
- ¿Cuáles son tus libros de cabecera?
-
Autores fundamentales son Nicanor Parra, Manuel Puig, John Irving,
Ernest Heminway, Marc Twain. Me gusta mucho la narrativa en lengua
inglesa. En habla hispana Puig es lo más importante que ha
ocurrido en los últimos veinte años en literatura y, desde luego, el
primer Vargas Llosa.
- Llama la atención que en tus historias aparezcan personajes que no pertenecen a tu generación, empleas muchos recursos.
-
Siento que el escritor tiene que ser como un DJ, tiene que mezclar,
tomar de aquí y de allá. No hay elementos innobles y todo puede entrar
a la moulinex y de ahí salir una buena historia. Lo importante es hacer
buenas historias.